Encuesta

Mónica Cavallé es doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster Universitario en Ciencias de las Religiones, pero, sobre todo, es la gran pionera del asesoramiento filosófico en España. Trabaja desde hace 14 años como filósofa asesora, facilitando consultas individuales y talleres de grupo en centros como la Escuela de Filosofía de Madrid –de la que es creadora y directora–, ofreciendo formación en asesoramiento filosófico a licenciados en esta disciplina. Además, es autora de varios libros como La sabiduría recobrada. Filosofía como terapia (Oberón, 2002; Martínez Roca, 2006); La Filosofía, maestra de vida (Aguilar, 2003) o La sabiduría de la no-dualidad (Kairós, 2008).
¿Qué es la Escuela de Filosofía Sapiencial? ¿Cuándo y por qué surge? ¿Quiénes trabajan en ella?
Es un espacio de encuentro entre personas interesadas en un modo particular de concebir, vivir y practicar la filosofía. La denominación “Escuela de Filosofía Sapiencial” es reciente, la creé hace unos cuatro años, pero la actividad que encauza es muy anterior. La escuela ofrece formación a filósofos asesores en la práctica del asesoramiento filosófico, y, en breve, también cursos y talleres de filosofía sapiencial destinados al público general, similares a los que fuera de la escuela he ofrecido durante años. De momento, yo soy la única formadora.
La escuela ofrece formación en asesoramiento filosófico según tu propio método (enfoque sapiencial). ¿En qué se diferencia este enfoque?
Hay modos muy distintos de entender y practicar el asesoramiento filosófico que presuponen distintas concepciones del mismo, de sus métodos y procedimientos, e incluso distintas concepciones de lo que sea la filosofía. Denomino a mi modo de entender y practicar el asesoramiento filosófico (AF) enfoque sapiencial porque está íntimamente unido a lo que yo entiendo por “filosofía sapiencial”. Es un método que surge de mi propia síntesis, por lo que se diferencia claramente de otros enfoques. Esta concepción del AF se distingue de aquellas que instrumentalizan la reflexión filosófica a la resolución de problemas o a la consecución de objetivos particulares del consultante. También de aquellas en las que el filósofo ofrece respuestas de forma unilateral, pues implica un proceso mayéutico en el que es ineludible el trabajo activo del consultante, que este alcance de forma autógena su propias comprensiones y respuestas. Se distingue, igualmente, de las que no indagan en la filosofía personal del consultante con amplitud y radicalidad, tocando los ejes vertebradores de la misma, que coinciden con las preguntas filosóficas más radicales. Señalaría, por último, que, a diferencia de otros enfoques, invita a una indagación que no solo concierne a nuestras capacidades discursivas, sino también contemplativas.
Si me apunto, ¿qué aprendo y cómo lo aprendo?
Se aprende una práctica de vida, un camino exhaustivo y pautado orientado a llevar una vida filosóficamente examinada. Y se aprende también a facilitar este examen a otras personas.
¿Cuántas personas han realizado esta formación hasta hoy?
En los últimos tres cursos académicos, la escuela ha ofrecido dos cursos de formación en asesoramiento filosófico, más uno de profundización y otro de supervisión, estos últimos destinados a quienes ya habían realizado el de formación. Han pasado por ella, por tanto, dos promociones de filósofos, de 50 y 40 alumnos respectivamente (el límite máximo que establecí para uno y otro curso). Con anterioridad, la formación que se impartía en el marco de Asepraf (Asociación española para la práctica y el asesoramiento filosóficos) ilustraba diversas aproximaciones al AF de distintos filósofos asesores. La formación que ofrezco actualmente inicia de forma exclusiva en una práctica y un método específicos, por lo que es más detenida y profunda.
¿El filósofo es un terapeuta?
Lo es en la medida en que el discernimiento filosófico es la fuente por excelencia de toda transformación profunda. Solo se transforma lo que se comprende con radicalidad, es decir, aquello en lo que se detiene la luz de la conciencia plena.
¿A quién está dirigida esta formación? ¿Hay que tener una licenciatura o grado en Filosofía? ¿Por qué?
Hay un acuerdo a nivel internacional en que esta actividad la lleven a cabo personas con una titulación superior en Filosofía. Es evidente que ninguna titulación garantiza el tipo de sabiduría que permite ejercitar esta práctica. Pero quizá la titulación en Filosofía sí ofrece una garantía negativa: los asesores serán, en todo caso, personas familiarizadas con la historia del pensamiento y con la complejidad de los asuntos humanos, no “iluminados” de pocas lecturas.
¿Para qué caminos profesionales habilita esta formación?
Quienes asisten a los cursos de formación lo hacen por criterios de afinidad. Buscan profundizar en una vocación, en una forma de entender y vivir la filosofía que sienten que les devuelve, como filósofos, un sentimiento incrementado de congruencia o –como afirman algunos– la pasión por la filosofía. Sienten que si se dedican o no profesionalmente al asesoramiento filosófico es algo secundario, y que, en todo caso, se derivará de forma natural de lo anterior cuando estén maduros para ello. En este caso, las opciones son muchas: asesoramiento filosófico individual, talleres de filosofía dirigidos a distintos ámbitos de la sociedad, facilitadores de diálogos filosóficos, la aplicación de este enfoque en la enseñanza de Filosofía en Secundaria, etcétera. Los desarrollos de esta forma de entender la filosofía son potencialmente ilimitados.
Muchas personas son escépticas con la posibilidad de “vivir de” la filosofía (fuera de la docencia). Tú eres uno de los pocos referentes consolidados en España. ¿Vuestra formación aspira a desarrollar profesionales que hagan de la filosofía su principal ocupación remunerada?
Como decía, el objetivo es recuperar una forma de vivir y practicar la filosofía que ha tendido a quedar relegada por la circunscripción casi exclusiva de la actividad filosófica a los ámbitos académicos, y que, como filósofos, compromete nuestro ser total. Si este camino vocacional se convierte para alguien en su principal o exclusiva ocupación remunerada, será un resultado indirecto de lo anterior. Si esto se convierte en un objetivo inmediato, el sentido de este camino se desvirtúa.
¿A qué necesidades sociales actuales responde este perfil profesional?
Esta actividad suple una necesidad apremiante individual y social. Como sociedad, somos relativamente aptos para los medios, pero casi ciegos para los fines, y esto es una gran fuente de desorientación individual y colectiva, y de sufrimiento evitable. El ser humano sin filosofía está tan desamparado y desorientado como un animal sin instinto. Esta actividad suple también un vacío flagrante en el ejercicio actual de la filosofía.
¿Quiénes son los profesores? ¿Qué los legitima para impartir esta formación?
Hoy por hoy, como decía, yo soy la única formadora. Entiendo que me legitiman muchos años dedicada satisfactoriamente a esta actividad, y el interés de los asistentes a los cursos en lo que ofrezco y comparto con ellos. De hecho, todo lo que he llevado a cabo en el ámbito formativo ha respondido a demandas explícitas de personas y grupos.
Ofreces formación online, ¿qué método y qué medios técnicos utilizas?
Entramos en contacto a través de talleres presenciales o virtuales (reuniones online a través de plataformas de videoconferencia) y de foros de discusión. Y se ofrecen regularmente vídeos y textos como material de trabajo.
Texto: Ada Galán/Equánima
Fotografías: Deyanira López
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