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PETER SINGER: MINIMIZAR PENAS
Sus fechas
1946 Peter Albert David Singer nace en Melbourne en una familia de judíos vieneses.
1962 Estudia Derecho y Filosofía en la universidad de Monash (Melbourne).
1966 Se traslada a la universidad de Oxford, donde toma contacto con el utilitarismo ético. Tiene una participación activa en la protestas contra la guerra de Vietnam.
1970 En el último tercio del siglo XX, Singer expresa un interés especial por la ética aplicada a los animales; el aborto, la eutanasia, la pobreza y la desigualdad.
Su pensamiento
Singer es probablemente el más controvertido y a la vez influyente filósofo de la ética de este tiempo. En un campo como la moral y la ética no es fácil despertar duras contradicciones si no es arriesgando teorías poco previsibles. Para ello también ha contribuido una infatigable dedicación a explicar su pensamiento en libros, 20 hasta el momento, cientos de ensayos y miles de conferencias, tanto para profesionales como audiencias populares, a lo largo de más de tres décadas. Singer es realmente un gigante como “experto moral”, se esté o no de acuerdo con sus proposiciones.
En 1972 fue uno de los primeros moralistas que abordaron la visión global de nuestro mundo, expresando la obligación efectiva de las sociedades de las áreas más prósperas de la tierra de hacer sacrificios en sus consumos para ayudar a los desposeídos de las zonas pobres. Tal propuesta era simple, pero él supo plantearla de forma que constituyera una exigencia sociobiológica de incrementar las potencialidades de los países pobres según sus propias preferencias y especificidades. Singer defendía que la reflexión filosófica debería poder dar respuestas a cuestiones prácticas en la distribución mundial de la riqueza. Es mejor perder un dedo que perder una mano. ¿Sigue siendo eso cierto si el dedo es tuyo y la mano de otro?
En 1973 lanzó a la opinión pública su preocupación por el status de los animales no racionales en el ensayo Liberación animal, que después se convirtió en un considerable volumen y, de hecho, en la biblia de los derechos de los animales. Es la referencia, desde entonces, para todos los movimientos que promueven una existencia digna para los animales. Singer se puso enfrente de la explotación de especies animales para consumo humano, experimentación científica, etc.
A partir de ahí, Singer articuló la proyección de la defensa de los animales para “desacralizar la vida humana”, y explicó sus tesis en varias obras: Practical Ethics (1979), Rethinking Life and Death: The collapse of our traditional ethics (1994) y Unsancrifyning human life (2001).
Singer abría el debate sobre el aborto, la eutanasia, el distanciamiento respecto a los seres discapacitados cuya probabilidad de mantener una vida mínimamente digna respecto a los standars generalizados. Las pasiones se desataron y el fantasma de tabúes como la ingenería llegaron a los medios de comunicación. Todo resultaba paradójico para una persona como Singer, con parientes judíos, víctimas del holocausto.
Todo ello conducía a convertir a Singer en el crítico de la “ética tradicional”, y sus críticos encontraban en él un blanco para reforzar tesis tradicionales. Por un lado, Singer apoya económicamente las causas que defiende y, al tiempo, le procura a su madre, enferma de Alzheimer, unos prohibitivos cuidados. Para muchos, la expresión de reivindicaciones éticas que rompen con las tradiciones debería hacerse desde la imparcialidad.
En el 2001, Singer volvió a sorprender tratando de desvirtuar el ancestral tabú de la relación sexual entre humanos y animales. Explica su posición en Un darwiniano de izquierda. Y apenas sin pausa ha regresado a uno de sus argumentos iniciales: las obligaciones solidarias más allá de los límites geográficos y sociales.
Podemos estar seguros de que el ético más influyente de nuestra época no se permite a sí mismo descansar.
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