Encuesta
JAVIER GOMÁ RESPONDE A FILOSOFÍA HOY

La sociedad
¿Cuál es su estado de ánimo frente a la sociedad actual?
La ingenuidad aprendida define el estado de ánimo respecto a la sociedad actual, no sólo la sociedad presente, sino la futura que, en el vientre de ésta, ya se está gestando. Nada hay más difícil que ser contemporáneo de tu propio tiempo. Vivimos con palabras y sentimientos prestados de nuestros padres. Necesitamos educarnos en una cierta ingenuidad para así atrevernos a seguir pensando y viviendo a la altura de nuestro tiempo.
¿Cuáles son aquí y ahora la nuevas plagas de Egipto?
Una de esas plagas es la confusión entre ética y derecho. El hombre moderno ha conseguido cristalizar en derechos –muchos de ellos recogidos en las constituciones modernas- la esfera de su libertad: cuando llega a la mayoría de edad, se le reconoce competencia y autonomía suficientes para elegir su estilo de vida sin interferencias públicas. Esto es el derecho a la vida privada, en un sentido jurídico. Pero eso no quiere decir que cualquier estilo de vida valga lo mismo, que no haya diferencias entre un uso elevado y otro bárbaro de la libertad, en un sentido ético (ya no jurídico). La vida privada ha sido el subterfugio de una gran vulgaridad moral. Defendemos el derecho a que cada uno elija su vida privada, pero al mismo tiempo hay que proponer a la conciencia estilos de vida superiores y excelentes. Otra plaga relacionada con la primera: la distinción entre lo público y lo privado.
¿Hay algo positivo o negativo que caracterice al hombre de hoy?
La palabra que caracteriza al hombre contemporáneo es la “vulgaridad”. En Ejemplaridad pública (insisto en ello en un capítulo de Ingenuidad aprendida) yo pido un respeto para la vulgaridad, porque es hija de dos invenciones positivas del siglo XX: la liberación y el igualdad. Yo creo que estas dos invenciones suponen un gran progreso moral de la civilización. Cuando se hace con ellas un cóctel, el resultado es el hombre vulgar. En ese sentido pedía para la vulgaridad un respeto. Ahora bien, la vulgaridad es el punto de partida y no el de llegada. Toda mi propuesta, en esta materia, se resume en el paso de la vulgaridad a la ejemplaridad.
¿Qué podemos aprender de la crisis?
Que el hombre es vulnerable, que está en permanente crisis. Hasta hace poco tiempo, el hombre pensaba que su futuro estaba escrito en las estrellas, que o la naturaleza, o una filosofía de la historia, conducían necesariamente a la humanidad a algún punto predeterminado. Ahora descreemos de un destino ya sellado. Lo que tenga que ocurrir, bueno o malo, depende de nosotros. Somos los señores de la historia y la historia es contingente y precaria, puede avanzar pero puede retroceder. La crisis ayuda a tener más conciencia de esta vulnerabilidad esencial de lo humano.
El pensamiento
¿Cuál es el papel de la Filosofía en el mundo de hoy?
Quizá nunca ha tenido una misión más elevada y urgente. La humanidad encara un gran problema, la administración secularizada de sociedades igualitarias masificadas. No podrá resolverse por medio de leyes ni de instituciones, sino que requiere un cambio de mentalidad. A la filosofía le corresponde moldear las conciencias y los hábitos de las generaciones futuras para que, con un civismo natural, la convivencia sea posible.
¿Qué acción o descubrimiento puede hacer mejorar el planeta?
El descubrimiento de la virtud cívica. Y el descubrimiento del otro.
El filósofo
¿En qué consiste su particular método de hacer filosofía, el de la “ingenuidad aprendida” que ha llevado al título de su última obra?
Durante los últimos tres siglos, el filósofo, encerrado en la buhardilla, se dedicó a tomar conciencia de la falta de legitimidad de los relatos tradicionales, que había caído en sospecha. Esa toma de conciencia le hizo inmensamente lúcido. Ahora el filósofo ha de dejar la buhardilla y volver a la plaza pública y al salón, haciéndose apresuradamente mundano. Ese movimiento de la buhardilla al salón es, para los representantes del pensamiento lúcido, un acto de gran atrevimiento e incluso de insolencia: un acto de ingenuidad. Yo he querido convertir ese previsible reproche de los lúcidos en la bandera de mi pensamiento.
¿Qué frase suya representa mejor su pensamiento?
Hay una que, si no todo mi pensamiento, sí expresa bien la dirección de mi último libro: de la conciencia a la convivencia.
Un libro clásico y uno reciente que no hay que perderse
De Rousseau, recomiendo Las ensoñaciones de un paseante solitario. En cuanto a los recientes, me fascinan unos diálogos a la manera platónica de Iris Murdoch.
Su recomendación para vivir mejor
En la pregunta se halla encerrada la respuesta: “vivir mejor” es la definición de la excelencia.
La revista
En nuestro tercer número dedicamos un amplio reportaje a las filosofías orientales. ¿Qué podemos aprender de ellas? ¿Cuál cree que es su grado de penetración en Occidente y cómo cree que este progresará?
La seducción de Occidente por Oriente se remonta a los orígenes de Occidente mismo. Desde Herodoto hasta Hermann Hesse, Oriente ha sido fuente de inspiración y también contrapunto. Creo que la globalización actual es en buena medida una occidentalización del mundo; en consecuencia, preveo que la antigua relación dialéctica en buena medida va a desaparecer, o al menos sufrir alteración sustancial.
Platón será el filósofo que analizamos en profundidad. ¿Cree que su pensamiento vigue vigente? ¿En qué radica su modernidad o al contrario, su ausencia de la misma?
Occidente ha sido platónico hasta el siglo XVIII, mientras la imagen del mundo dominante fue el cosmos: la idea de un mundo ordenado y jerárquico, en el que lo de abajo y sensible se subordina a lo está arriba, inteligible pero invisible. No es que Platón tuviera una influencia tan colosal que su filosofía condicionara la mente del hombre durante milenios, sino que acertó a trasladar a un sistema conceptual consciente una imagen natural del mundo previa y posterior. Esa imagen del mundo, la cósmica, ha perdido validez para nosotros, pero Platón y su filosofía representan una posibilidad permanente de lo humano.
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