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Lullaby Spring, de Damien HIrst
Quién no se ha dejado tentar, en un momento de bajón, por la idea de comprar un bote de antidepresivos? Si no lo hemos hecho ya, lo haremos con bastante probabilidad en el futuro. Pero, ¿estamos razonando con cordura o nos agarramos a una ilusión, o a un clavo ardiendo? ¿Funcionan de verdad los antidepresivos? ¿Son inocuos o peor remedio que la enfermedad?
¿Son los antidepresivos una solución?
SÍ
►No siempre funcionan igual para todos pero, sin duda, son eficaces, en algunas ocasiones, para alguna parte de la población usuaria.
►Sea por su eficacia directa o su efecto placebo, millones de pacientes en el mundo afirman que han conseguido mejorar sus vidas.
►Aunque los problemas mentales nunca deberían ser tratados exclusivamente con terapias farmacológicas, no significa que éstas no sean parte importante de la solución.
NO
►Las propias investigaciones de las compañías farmacéuticas reconocen que en un 50% de los actos médicos basados en antidepresivos, éstos no resultan más eficaces que el placebo alternativo.
►Los nuevos antidepresivos han reducido sensiblemente los efectos colaterales, pero los que permanecen siguen creando dependencia en los pacientes.
►La conexión entre los componentes químicos del cerebro y la depresión no está definitivamente establecida. Es temerario asumir que la ciencia conoce las reglas de las interacciones entre la química cerebral y la exógena.
Cómo actúan los antidepresivos
Aunque todo tratamiento de salud mental es una ciencia opaca, la teoría de los antidepresivos se basa en que ayudan a regular los flujos de determinados componentes químicos dentro de nuestro cerebro.
Se atribuye a los neurotransmisores cerebrales –los más comunes para los profanos son la serotonina y la dopamina– una conexión con nuestros estados de ánimo y los sentimientos de bienestar. Desde la década de los años cincuenta del siglo XX, la investigación farmacéutica trató de aislarlos para controlar sus efectos. En la siguiente década la droga más conocida en esos campos fue el Valium. En los últimos 20 años, surgió una nueva generación de antidepresivos y el más popular de ellos: Prozac. El proceso ha conducido a que en el último año se han prescrito en todo el mundo cerca de mil millones de recetas de “inhibidores selectivos de recaptación de serotonina”. En casi todos los países occidentales los antidepresivos son el segundo fármaco más prescrito, tras los tratamientos cardiovasculares.
¿Por qué tanta gente consume antidepresivos?
Por una pragmática razón: millones de personas de todo el mundo testimonian que los antidepresivos han llevado una mejora significativa a sus vidas. Algunas de ellas les atribuyen haberlas salvado del hundimiento. Tal vez se engañan a sí mismos. El escritor John Cruce dice: “Prefiero vivir engañado que estar muerto”. Muchos de los defensores de los antidepresivos son aquellos psiquiatras que han tenido oportunidad de prescribirlos miles de veces a muchos diferentes pacientes y probando con ellos una gran variedad de combinaciones.
¿Por qué, entonces, los vemos como un problema?
Existe un número creciente de psiquiatras y psicólogos que dudan de los auténticos efectos de los antidepresivos, salvo para la industria farmacéutica, que tiene en la “depresión” un negocio de más de 20.00 millones de euros.
En 2010 Irving Kirsch, psicólogo de la Universidad de Hull, procesando miles de historiales clínicos de 1987 a 1999 para la US Food and Drug Administration, concluía que la administración de antidepresivos mejoraba a la administración de placebos en casi un 50% de las ocasiones.
Por su parte, un estudio publicado este pasado verano en la prestigiosa revista médica The Lancet, en relación con el uso de antidepresivos a pacientes de Alzheimer, afirmaba que no proporcionaban beneficio alguno en el síndrome depresivo de esa enfermedad ,pero sí tenían sin embargo, efectos secundarios.
¿Cuáles son los efectos secundarios de los antidepresivos?
Mientras millones de personas han convertido al Valium, Prozac, Paroxetina, etc, en estrellas de una farmacopea capaz de poner bienestar en sus vidas, otras tantas personas testifican sobre sus efectos colaterales: cambios en el peso, irregularidad en el sueño, en el deseo sexual, etc.
Por otro lado es cierto que la utilización masiva de antidepresivos tiene todavía una corta vida como para poseer conclusiones firmes sobre los efectos de un uso continuado a largo plazo.
Los reguladores sanitarios de los países occidentales mantienen que los antidepresivos no son adictivos, pero constatan que los pacientes que detienen su tratamiento pueden sufrir severos síndromes por una interrupción brusca. En la mayoría de los países los menores de 18 años tienen prohibida la utilización de inhibidores selectivos de recaptación de serotonina.
¿Cuál es el problema?
Buena parte de los médicos llegan a la conclusión de que observando que la prescripción de antidepresivos mejora subjetivamente a sus pacientes, lo de menos es si se debe al principio activo del antidepresivo o al efecto placebo que arrastra su toma. ¿Qué importa quién gana el royalty…?
Ahora la sensibilidad se dirige a racionalizar la prescripción a estados específicos de depresión grave, epilepsia, situaciones traumáticas, esclerosis múltiple etc.
La práctica médica evoluciona hacia una mayor valoración de las terapias conductistas como complemento imprescindible de la farmacológica y, en otro sentido, hacia una mejor precisión en el diagnóstico de la depresión.
¿Qué es la serotonina?
La serotonina (5-hidroxitrintamina) es una monoamina neurotransmisora sintetizada en las neuronas serotoninérgicas en el sistema nervioso central y las células enterocromatinas en el tracto gastrointestinal de los animales y el ser humano.
Se cree que en el sistema nervioso central la serotonina representa un papel importante como neurotransmisor, en la inhibición de la ira, la inhibición de la agresión, la temperatura corporal, el humor, el sueño, el vómito, la sexualidad y el apetito. Estas inhibiciones están directamente relacionadas con síntomas de depresión. Los antidepresivos tienen como misión modificar los niveles de serotonina en el individuo.
Fuente: The Week, Psychology Today, New York Times. ❖ Filosofía Hoy
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