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Jodorowsky inaprensible

Poeta, cineasta, psicomago y sí, autor de culto y minorías... Pero de los nueve millones de "minorías" que visitaron su blog el pasado año. Por Alberto Alonso


Fredric Jameson, en su Teoría de la posmodernidad recordó
en plena tiranía de los mass media que media no es sino el plural de medium. @alejodorowsky, la identidad de Alejandro Jodorowsky en Twitter, es un torrente de aguas salvajes de vocación sanatoria, un permanente fluir de pensamiento, poesofía y psicomagia que desemboca en el blog Plano Creativo (planocreativo.wordpress.com): “Toda sanación nos invita a salir de la isla del Yo para aceptar la unión con el Otro” o “acepta ser lo que eres, y no lo que los otros te han obligado a ser”.

Al inaprensible Jodorowsky se le trata de enjaular
con frecuencia en la posmodernidad y es cierto que su actitud puede calificarse de posmoderna si como tal entendemos la tendencia al pastiche (de teatro, happenings, magia, psicología, tarot, chamanismo...), la renuncia al protagonismo del autor en favor de la acción (el acto poético, el acto teatral) y, por lo tanto, del protagonismo de los actores-espectadores. Y posmoderna es también la constante paradoja en la que vive un intérprete del tarot que no cree en la posibilidad de ver el futuro, sino en la de provocarlo.
Es, de hecho, la misma persona que nos invita a aceptar ser lo que somos, y no lo que otros nos han obligado a ser, quien se ufana de la invención de la psicomagia, de una especie de teatro terapéutico: “a una madre indiferente le asigné el deber de imitar durante un siglo el amor maternal. A un juez le di la tarea de disfrazarse de vagabundo para ir a mendigar frente a la terraza de un restaurante. De sus bolsillos tenía que extraer puñados de ojos de cristal sacados de muñecas. Creaba de este modo un personaje destinado a implantarse en la vida cotidiana y a mejorarla. Es en ese estadio donde mi búsqueda teatral fue adquiriendo poco a poco dimensión terapéutica”. (Psicomagia. Siruela).

Pero a diferencia de pitonisas y charlatanes de feria, Jodorowsky ha construido un discurso coherente en torno a la magia y su capacidad de mejorar la vida propia y la de los demás. Su papel se acerca más al del chamán, al intermediario (¿medium?) capaz de modificar la realidad, de provocar el futuro. Y hay en este discurso grandes dosis de ensayada ingenuidad. Como en el haikú que gusta recordar sobre las mariposas y los pimientos... Hacer mariposas a partir de pimientos es la visión artística y vital de Alejandro Jodorowsky, chileno, de origen ucraniano, nacionalizado francés tras vivir en Nueva York y México, obsesionado por la genealogía, fabricante de títeres, autor de teatro, poeta, novelista, director y actor de cine, guionista de cómics, lector de cartas del tarot, psicomago, maestro de ceremonias del Cabaret Místico... Con instantes efímero-pánicos todavía para llenar nuestra línea de tiempo de Twitter de “arte-twitt”, con mensajes suyos y de sus cerca de 350.000 seguidores: “1. Le serviré de lazarillo a un perro ciego; 2. Rogaré a Dios que me castigue para ir a derramar mis lágrimas en un tierra sedienta; 3. Dejaré que un niño hambriento se coma mi lengua; 4. Haré crecer alas en la espalda de los mutilados; 5. Llenaré con besos las manos que piden...”. Fueron algunas de sus propuestas el primer día de 2012: “El juego para hoy, para darle poesía al nuevo año, inventar deseos de santo o de santa, milagros con buenas intenciones”. En las horas siguientes, más de cien personas aportaron sus ideas.

Este juego de deseos describe la evolución artística de Jodorowsky, como una senda de santidad que reniega de las maldades del pasado, de la época de los happenings de México que forjaron su controvertida leyenda de autor maldito. Cuando alguien, en medio de una representación, devoraba una paloma viva; cuando él mismo comulgaba en escena la sangre coagulada de dos admiradoras. Pánico fue el término escogido por Jodorowsky, Arrabal y Topor para describir sus experiencias teatrales allá por 1962: “Me impresionó ver a Jerry Lee Lewis quemar su piano al final de sus conciertos. Eso me llevó a prender fuego a un piano y generar un movimiento de pánico en la sala. En otra ocasión, en el Centro Americano de París, durante un efímero que hizo historia, tenía una canasta llena de víboras que me disponía a lanzar sobre el público. ¿Puedes imaginar el Apocalipsis al que habríamos asistido? Pero al instante en el que iba a pasar al acto, una especie de sexto sentido me advirtió sobre el peligro. Tuve la visión de un pánico espantoso, ataques al corazón, personas pisoteadas... Podría haber sido una verdadera catástrofe...”. (Psicomagia, Siruela)

Luego explicaría que, para domar al tigre, hay que entrar en la jaula. Jodorowsky entró. Y salió convencido de que sólo él podría ser psicomago por los enormes peligros de estas prácticas, que él había aprendido a dirigir solamente actos poéticos positivos, entendiendo lo negativo como aquello que va en el sentido de la muerte y la destrucción: “el trabajo que propongo actualmente (la psicomagia) está fundado en una larga experiencia, que yo no tenía en la época lejana de los happenings”. En este camino inverso se descubre también a Jodorowsky como protagonista de una era incipiente que deja atrás la modernidad, el milenarismo invertido del que también habla Jameson en Teoría de la posmodernidad. La sustitución de las visiones apocalípticas por el concepto de ruptura y final, pero también de inicio, de precipitación en el comienzo.

Y en este regreso al principio de la modernidad puede explicarse también su carácter polifacético, renacentista. Su principal fuente de ingresos en los últimos años han sido los guiones para cómics que dibujan algunos de los mejores artistas del medio, como Moebius o Enrique Lihn. Su prestigio en este mundo de consumidores fanáticos es enorme. Pero donde Jodorowsky mejor se ha ganado el calificativo de autor de culto ha sido en el cine. Entre sus admiradores se encuentran (o encontraban) Jonh Lennon, Marilyn Manson, Polansky, David Linch... Su obra más conocida, El Topo, es un claro antecedente del cine violento con componentes surrealistas que luego practicarían el propio Linch, Tarantino y Robert Rodríguez.

“El desierto es circular. Para encontrar a los cuatro maestros tendremos que viajar en espiral”. Diálogo de El Topo. 1970.

No parece que sean las líneas rectas las que señalen el recorrido más eficaz en la mente de este autor que reniega del cine “made in Hollywood”, donde “se fabrican hamburguesas con la carne de directores de talento” (Twitter, 16/7/2011). Su filmografía se completa, entre otros, con títulos como Fando y Lis, sobre la obra teatral autobiográfica de Arrabal; La montaña sagrada; Anticlímax... y sigue con La isla, de 2011, y el proyecto autobiográfico La danza de la realidad, para el que busca financiación en su blog.

Las nuevas tecnologías introducen una duda
sobre su carácter de autor de minorías: “Cerca de 1.500.000 personas visitan el MoMa en Nueva York cada año. Este blog (planocreativo.wordpress.com) fue visto alrededor de 9.100.000 de veces en 2011. Si fuese una exposición en el MoMa serían precisos cuatro años para que toda esa gente la visitase”.
Jodorowsky, inaprensible, imprevisible, inclasificable, siempre en inestable equilibrio, sigue siendo el mismo que provocaba en los happenings mexicanos, el mismo que escandalizó a George Harrison hasta hacerle abandonar el papel protagonista de una de sus películas, el mismo que lee las cartas del tarot en un café de París, el mismo que siempre nos hará dudar si es un artista o un iluminado.❖ Alberto Alonso


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