Para cuestionar y descubrir tu mundo

La alegría de ser, de Jacques Castermane (arriba) , publicado por Mensajero
Sabiduría china, de Edward L. Shaughnessy, editado por Blume
El libro de Jacques Castermane, La alegría de ser (el título francés se ajusta más al contenido real, La sagesse exercée, y que puede traducirse por "ejercitar la sabiduría"), nos presenta el recorrido espiritual que ha realizado este discípulo de Graf Dürkheim a lo largo de su vida y las diversas técnicas que ha aprendido de diferentes tradiciones (como el tiro con arco, el aikido o el zen), y que podríamos aplicar a la vida diaria. Comte-Sponville explica en el prólogo que la filosofía “es una actividad que, por medio de discursos y razonamientos, nos procura una vida de dicha. Esta fórmula de Epicuro, que cito con frecuencia, dice, quizás, lo esencial: que la filosofía es una actividad discursiva, intelectual, teórica, pero que tiene hacia otra cosa (la vida dichosa, que no es ni discurso, ni razonamiento, ni teoría). En Occidente, los filósofos olvidarán frecuentemente esa otra cosa”. Y concluye diciendo que lo que importa “es asir los dos cabos de la cadena: el cabo filosofía, que supone un trabajo, un discurso, una forma de pensar, y el cabo sabiduría, que es reposo, silencio, una manera de vivir y de actuar”. Castermane es más contundente: “la sabiduría es el arte de vivir con el alma en paz. Esto es lo que debiera importar al hombre actual, zarandeado, tenso, estresado, inquieto”. Y para dar más fuerza a su propuesta, cita a Epicteto, que nos enseña que “la ataraxia (la paz del alma) es el mayor bien al que hombre puede acceder” y a Hadot (¡cómo no!), que nos recuerda que la “sabiduría era un modo de vida que aportaba tranquilidad al alma, libertad interior, consciencia cósmica. La filosofía se presentaba, ante todo, como una terapéutica destinada a curar la angustia”.
Otro libro sosegante es Sabiduría china, de Edward L. Shaughnessy, en el que este profesor de la Universidad de Chicago nos ofrece una antología de 250 aforismos pensadores chinos, como Confucio, Mencio, Laozi, Zhuangzi, Sunzi o Mozi, agrupados en siete temas: la educación, la muerte, la guerra o la familia. En la introducción, el autor nos presenta las claves para entender esta tradición espiritual. Para los chinos, “todos nacemos con el potencial necesario para crecer, pero la mayoría de nosotros sólo aprendemos poco a poco mientras maduramos e interactuamos con los demás”. ❖ G. A.
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