Para cuestionar y descubrir tu mundo

En estas páginas hemos hablado sobre la importancia del tamaño del cerebro en la supervivencia de la especie. ¿Por qué si los cerebros especialmente grandes son tan útiles, son tan raros en la naturaleza? La respuesta es que en nuestra naturaleza nada es gratis: en lo relativo al cerebro el costo energético del tamaño es muy grande. La explicación la dieron Leslie Aiello y Peter Wheeler: las neuronas tienen una considerable voracidad; requieren mucha energía para mantener su compleja actividad; la obtienen del oxígeno y de la glucosa contenida en los alimentos. Una masa cerebral de 1.350 grs consume 20 veces lo que consumiría ese mismo peso de masa muscular. El 25% de las calorías habitualmente consumidas se dedica a mantener la actividad cerebral.
El proceso evolutivo avanzó de forma básicamente paralela en la asimilación de habilidades, capacidad de supervivencia, tamaño del cerebro y, por tanto, mayores requerimientos de energía. El éxito de la especie necesitó adaptaciones en el resto del cuerpo, para permitir el crecimiento del cerebro: el sistema intestinal redujo su tamaño, y siendo órganos que consumen mucha energía, probablemente eso permitió el crecimiento de otro alto consumidor como es el cerebro. Eso fue posible porque cambió el estilo de vida, cambió la dieta al extenderse las habilidades de la especie con el descubrimiento de la agricultura, y apareció la cocina…
Que la cocina salvó al hombre es la tesis del antropólogo Richard Wrangham (Harvard) contada en su libro Catching Fire. How Cooking Made us Human (Profile Books). Sitúa el dominio sobre el fuego hace unos 1,8 millones de años. Hasta esa fase de la evolución, los homínidos comían frutas, gramíneas, hojas, larvas, insectos, alimentos poco calóricos cuya recolección exigía mucho tiempo y consumo de energía. Después se incorporaron a la dieta los tubérculos y otros tallos subterráneos, más energéticos. Después la carne, que añadió más calorías por la cantidad ingerida.
Un momento decisivo fue cuando el homínido descubrió el efecto que producía el fuego en los alimentos: los hacía más digestivos, y así economizaba energía para poder desarrollar otros órganos, como el cerebro. Además la cocción eliminaba muchas bacterias y parásitos ante los que eran vulnerables los individuos. Cocinar permitía conservar más tiempo la caza. El tránsito de la alimentación infantil desde el amamantamiento a la dieta adulta era menos agresivo tras el descubrimiento de la cocción. Sí, la cocina contribuyó a nuestro brillante proceso evolutivo. ❖
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