Para cuestionar y descubrir tu mundo

La vida económica es sucesión de fases de crisis y prosperidad: en ellas no percibimos el comienzo y tampoco el fin. Solo somos conscientes cuando ya un nuevo ciclo está en marcha. Y entonces nos desazona que no supimos anticiparnos. Las crisis empiezan en plena prosperidad cuando todo va bien y hay una sólida fe en el futuro. Un minuto antes, todos celebran el éxito y el bienestar; un minuto después, algunos agentes sociales empiezan a huir, y los demás siguen a los que huyen hasta amontonarse en las puertas de salida. Algo como en Wall Street, con Lehman disparándose a bocajarro, el 15-S de 2008.
¿Resulta, entonces, imposible predecir las crisis?
Es incierto precisar cuándo una crisis estalla, y es difícil porque los agentes se resisten a imaginar un cambio en sus expectativas; solo huyen cuando creen que un jefe de manada lo ha hecho ya, y eso en raras ocasiones resulta claro.
Sin embargo aunque no se percibe, la acumulación de factores críticos se precipita cuando todavía la fiesta está animada. La tormenta se gesta cuando la gente disfruta del sol en las tumbonas.
Esos factores se concentran siempre en dos categorías que generarán la crisis en un sector económico o en un área geoeconómica:
►El estrés que surge en el sujeto que sufrirá la crisis se produce por su propio rechazo ante los excesos que experimenta, por las amenazas externas a su naturaleza, por las contradicciones internas y por la velocidad extrema de transacciones.
►La aparición inminente de rendimientos decrecientes en producción, rentabilidad, plazos.
Los factores de la crisis
Esos factores están presentes en la vida socioeconómica de China desde hace unos años y posiblemente los hemos infravalorado porque la crisis de Europa y Estados Unidos ha servido como velo ocultador.
Todo en China ha adquirido caracteres estresantes:
Población: ha pasado de 500 millones de habitantes en 1949 cuando Mao tomó el poder, a 1.300 millones en 2011.
Sistema: ha pasado de un colectivismo férreo, en una autarquía milenaria, a un socialismo cuyo modelo es el capitalismo del siglo XIX.
Crecimiento: disparatado. Un ritmo medio del 9% anual durante 30 años.
Modelo social: el comunismo químicamente puro del Gran Timonel, un ascetismo heroico forjado entre otros componentes con millones de asesinatos disciplinarios, sin cambiar de ideario, se ha transformado en un pragmatismo extremo, que sobrecoge en los viejos países capitalistas.
Colectivismo: Se han privatizado 90.000 empresas estatales en un proyecto colectivista.
Política: la todavía inflexible dictadura convive con un liberalismo económico que resultaría aberrante en Occidente. No hay elecciones libres, ni sindicatos, ni expresión reivindicativa.
elitismo: ha renacido la reverencia por el éxito y la selección natural propia del tiempo de los mandarines: principios que serían políticamente incorrectos en nuestras sociedades.
Comercio: China ha sobreexplotado un recurso que tiene fin: la utilización de una inmensa mano de obra para producir todo para todos, compitiendo con costes hasta ahora imbatibles.
Ley: China ha despreciado buena parte de las convenciones legales de Occidente para copiar, falsear, aquello que vendía a la parte del mundo a la que plagiaba.
Obsesión: el aprovisionamiento de materias primas.
Moneda: ha utilizado su moneda con una subvaloración agresiva para impulsar sus exportaciones en una expansión imposible de neutralizar.
Finanzas: China se ha convertido en prestamista planetario para mantener la demanda en los países a los que asfixiaba con sus precios imbatibles.
Internacionalización: ha convocado a las empresas del mundo para compartir con ellas la explotación del mercado gigante que es China. Y van en tropel atraídas por las primeras utilidades que se han generado, lo cual ha excitado a sus colegas, lo cual ha atraído... lo cual... etc.
Hábitos: se encuentran en plena distorsión ante el modelo contradictorio y esquizofrénico que encuentran los ciudadanos chinos en su país.
Equilibrio social: con el éxito económico que prima a los audaces, hiperactivos y expertos, aumenta la desigualdad social de forma alarmante.
Ahorro: Los chinos desarrollan de forma extrema sus virtudes ancestrales: el ahorro (tasa del 47%, la más alta del mundo) y la propensión delirante por la inversión, sometida a la evolución imprevisible del mercado de capitales.
Todos los factores relacionados hasta ahora podrían considerarse como los instrumentos de un éxito histórico. Es así, pero también contienen en el reverso de cada factor un desencadenante de contradicción insoportable:
La desigualdad acelerada acumula reivindicaciones hasta niveles de explosión
►Toda reivindicación social exitosa minará la competitividad de la producción china.
►Es inútil en el siglo XXI pretender estar al margen de las conquistas sociales y políticas del resto del mundo.
►Mientras la autarquía protege del efecto demostración, la internacionalización mercantil acaba contaminando el cuerpo social.
►Satisfacer las expectativas desmesuradas de los inversores extranjeros en China se hace imposible.
►Mantener la moneda propia infravalorada es un proceso que tiene fin.
►La revaluación se sumará al aumento de los costes internos de mano de obra por efecto del desarrollo social, y ambas cosas erosionarán de nuevo la competitividad.
►La exportación es una actividad envidiable pero los próximos años de austeridad europea y americana recortarán las demandas que han creado el milagro chino.
►Los productores de Occidente también aprenden a competir, sobre todo tras una crisis como la actual…
Todos sus rendimientos serán decrecientes
Todos los rendimientos de los que depende la estabilidad de China van a ser claramente decrecientes y no podrán revitalizarlos porque el estrés se acusará en lo político, lo social, financiero y económico.
Con toda probabilidad, las reacciones negativas se van a suceder y se acumularán como antes lo hicieron los comportamientos mágicos que el país y sus dirigentes adoptaron.
Durante años China verá cómo sus mercados compradores y prestatarios –Occidente– se obsesionarán con su propia regeneración basada en la búsqueda del equilibrio financiero, es decir, austeridad y restricción y la lucha por la autosuficiencia.
Cuando se produzca la primera huida, huirán todos: la demanda exterior, la inversión extranjera, los políticos añorantes, los inversores nativos y, paradójicamente, acudirán las reivindicaciones a medida que la prosperidad se deteriore… ¿2013 será el momento?
¿Qué haríamos en su caso?
Posiblemente nada; esperar que todo sea un mal augurio y seguir haciendo lo que hasta ahora ha funcionado. ¿Serán diferentes los laboriosos ciudadanos chinos que han labrado un milagro de crecimiento?
La crisis nos acompañará siempre porque insistimos ciegamente en lo que funciona hasta que estresamos las condiciones de los sistemas. Después llegan los primeros síntomas de rendimientos decrecientes y seguidamente huyen los más medrosos… ❖ Filosofía Hoy
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