Para cuestionar y descubrir tu mundo

Qué cuenta
A lo largo de nueve capítulos Tony Judt, uno de los historiadores e intelectuales más interesantes de este siglo, despidió su vida con un repaso por esta y por los acontecimientos que le habían acompañado. Paralizado por una enfermedad degenerativa (esclerosis lateral amiotrófica), cuando se encontraba en fase terminal y no podía mover su cuerpo del cuello hacia abajo, encontró en la preparación de un libro y su redacción el mejor modo de pasar el tiempo restante sin caer en la desesperación y la angustia. “Imaginen por un momento que han sido obligados a yacer absolutamente inmóviles boca arriba durante siete horas seguidas y limitados a inventarse formas de hacer tolerable ese calvario, no solo para esa noche, sino para el resto de sus días. Mi solución ha sido la de desplazarme por mi vida, mis pensamientos, mis fantasías, mis recuerdos, reales o erróneos, y otras cosas por el estilo hasta que tropiezo con acontecimientos, personas o historias que puedo emplear para distraer mi mente del cuerpo en el que está encajonada […] ”, escribe en el libro El refugio de la memoria, que estructuraba en las largas noches en soledad y dictaba al día siguiente.
Inicialmente publicado por entregas en The New York Review of Books durante los últimos siete meses de su vida, en las páginas de este libro Judt reflexiona sobre política, historia… recupera el recuerdo de sus amores, de las personas que ha conocido, de los olores y los sabores, revive algunas experiencias… y lo hace en pequeñas piezas que tienen sugerentes títulos, como “Kibutz”, “París era ayer”, Palabras”, “Crisis de la mediana edad”, “Chicas, chicas, chicas…”. Uno de ellos, “Austeridad”, es buen ejemplo de su pensamiento: Judt defiende la sobriedad emocional en ciertas situaciones y la paciencia, y apuesta por la esperanza en un futuro político menos vergonzante que el actual, aunque requiera esfuerzo: “Si queremos mejores gobernantes tendremos que aprender a pedir más de ellos y menos para nosotros. Un poco de austeridad estaría bien”.
El refugio de la memoria es, amén de un libro emocionante, una gran lección. Con él, Tony Judt volvió a llamar a la participación activa, a colaborar con las posibilidades de nuevos caminos, a no repetir los errores del pasado, a aprovechar los aciertos…
Por qué hay que leerlo
Hay que leer este libro porque Tony Judt es uno de los más brillantes e interesantes historiadores de la Europa de finales del siglo pasado y porque el pensamiento que nace de su obra es de una lucidez desacostumbrada. Intelectual libre, historiador sobresaliente, fue sionista de izquierdas en su juventud, tras lo cual pasó por un lógico proceso ideológico que le llevó hacia la socialdemocracia y la crítica constante hacia el poder y hacia las instituciones judías, y concluyó calificando que Israel era un anacronismo. Defensor de la libertad y magnífico en sus reflexiones y análisis de los movimientos políticos, económicos y sociales, su visión del mundo actual es una de las más certeras que ha dejado un pensador. Crítico con la ignorancia, Tony Judt se lamentaba de la frivolidad que campan hoy en política, arte, cultura… Posguerra: una historia de Europa desde 1945 es su obra fundamental, aunque muchos otros de sus trabajos son destacables. Durante su penosa enfermedad, Judt no solo dictó las palabras de El refugio de la memoria, sino que también lo hizo de Algo va mal.
Otro gran motivo para leer este texto es el de su honestidad y sinceridad. Toni Judt prescinde absolutamente de sentimentalismos forzados, a pesar de la situación en que escribió la obra, y a través de su humanidad y su comprensión de los demás, consigue conmocionar al lector. Por último, el hecho de haber redactado estas singulares memorias en las peores condiciones imaginables, el libro es una aventura que consigue reconfortar al lector, mucho más que empujarle hacia la negritud de la desesperanza. ❖ Begoña Piña
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