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Jung y Freud en un safari alrededor de 1909
En 1930 Jung escribía que “el psicoanálisis […] no es solo un método terapéutico, sino también una teoría psicológica que no se limita en absoluto a las neurosis y a la psicopatología general, sino que trata también de incorporar a su dominio el fenómeno normal de los sueños y, más allá, el extenso ámbito de las ciencias del espíritu: la literatura, las artes plásticas, la biografía, la mitología, el folklore, la ciencia comparada de las religiones y la filosofía”. Años antes, a principios del siglo XX, Jung defiende a ultranza los trabajos de Freud, aunque cuestiona desde el principio la etiología exclusivamente sexual de la histeria. No obstante, se adhiere a su método psicoterapéutico e intenta adentrarse con él en las psicosis. Jung llegó a mostrar veneración por Freud, y este correspondió afirmando que Jung sería, sin duda, el “continuador y perfeccionador de mi labor y sucesor”.
De la devoción a la crisis
Nada que ver con el turbio final de la relación entre ambos alrededor de 1914. Karl Abraham, tercero en discordia, afirmaba sobre algunas conferencias que Jung pronunció criticando la libido y el incesto: “Ha hecho una exposición totalmente incorrecta de las enseñanzas de Freud” en contradicción “con sus anteriores escritos” sobre sexualidad infantil. Incluso, Abraham percibe “en los escrito de Jung la obra de tendencias destructoras y reaccionarias”, y concluye que “no tiene ya el derecho de aplicar la designación de ‘psicoanálisis’ a las opiniones que propone”.
El rechazo absoluto de los últimos escritos de Jung por sus antiguos colegas al comienzo de la I Guerra Mundial aceleró su crisis personal, entrando en un proceso que él mismo califica de “confrontación con lo inconsciente”. En una conferencia pronunciada en 1914, un mes antes del inicio de la guerra, Jung define lo inconsciente como “todos los procesos psíquicos que están bajo el umbral de la conciencia”, y nos recuerda que “en las personas normales la función principal de lo inconsciente consiste en efectuar una compensación y producir un equilibrio”, roto el cual aparecerá el trastorno mental.
La insalvable diferencia
Trotta reedita las obras completas de Jung con motivo del cincuenta aniversario de su muerte. En este caso presenta la mayoría de escritos del autor publicados durante la época de su estrecha colaboración con Freud, entre 1906 y 1913, cuando el psicoanálisis se dota de organización e inicia su expansión internacional. El texto viene acompañado por una completa introducción de Enrique Galán Santamaría.
Este volumen supone una ventana abierta para comprender la relación personal y científica presente en la vida de dos genios como Jung y Freud. Aquel nunca dejaría de referirse al maestro a lo largo de su obra, e incluso a pesar de sus disputas escribiría sobre él en ocasiones puntuales. El capítulo que cierra la obra La contraposición entre Freud y Jung (fechado en 1929) se centra precisamente en la insalvable diferencia de presupuestos, psicológicos y sociales, que explica la oposición entre ambos. En 1953, Jung confesaba en una entrevista que aceptaba “los hechos que Freud ha descubierto, pero sólo parcialmente su teoría. Únicamente pongo objeciones a la exclusividad de la sexualidad”. Una oportunidad única de descubrir los derroteros que tomó la alternativa junguiana, frente a los sucesores y discípulos “oficiales” de Freud. ❖ Carlos J. González
Freud y el psicoanálisis / Carl Gustav Jung / Trotta. 25 euros
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