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La desconfianza en la democracia

El concepto de democracia parece no haber avanzado de manera acorde a los tiempos. Cada vez son más las voces que reivindican "otra" o "más" democracia.

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Sin título, de Keith Haring.

¿Por qué ya no es lo que pensábamos?

Joaquín Abellán, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, en su reciente obra Democracia. Conceptos Políticos Fundamentales, describe adecuadamente los temas que hoy son objeto de análisis y revisión crítica por nuestras sociedades:

 1 Es necesario aumentar el nivel de participación del pueblo en la deliberación de los asuntos públicos, más allá de la intervención de las elecciones de representantes.
Frente al reducido número de personas implicadas en la democracia ideal de Aristóteles –pocas pero con participación intensa– los pensadores modernos y los ciudadanos lo han ampliado progresivamente.

 2 Desconfiamos de los partidos políticos, el centro de la política. Creemos que ceden ante sus intereses privados cuando han de sumarse a las proposiciones de sus rivales. Tememos que busquen crear un clientelismo para protegerse.

 3 Se ha llegado a una tiranía de la mayoría. La realización democrática se basa en la regla de la mayoría. Esa regla presupone que los ciudadanos guíen sus actuaciones por el interés general pero también abre el camino al comportamiento orientado por el interés partidario.

 4 Los sistemas democráticos eligen a sus gobernantes cada cuatro años pero el Estado tiene tareas que empiezan y terminan fuera de ese plazo. Eso es fuente de ineficiencia y descoordinación entre gobierno central, gobiernos periféricos, banco emisor, sindicatos, patronales, etc.

 5 Una sociedad que se democratiza avanza hacia la igualdad. Pero la acción de los partidos en su lucha por los votos de los ciudadanos puede producir una “democracia condescendiente” que sobrecarga la economía de la sociedad con múltiples beneficios a innumerables grupos de individuos, en aras de la igualdad, hasta desbordar las capacidades del Estado.

Nace la desconfianza
Pierre Rosanvallon, catedrático de historia moderna
y contemporánea de la política (Escuela de Altos Estudios Sociales), en su obra La contre-democratie. La politique a l´age de la defiance, se refiere a ese factor importante que es la dualidad confianza/desconfianza: “En la Grecia clásica, se prestaba la máxima atención al control del poder. Las revoluciones americana y francesa definen las instituciones políticas representativas del mundo moderno poniendo todo el énfasis en la organización de la desconfianza. La primera constitución democrática del mundo moderno, la de Pensilvania de 1776, es un símbolo: concebía un sistema en el cual, al mismo tiempo que se constituía una asamblea representativa, se elegía un consejo de censores encargados de controlarla.
Se trataba de articular simultáneamente las instituciones que organizaban la confianza y las que organizaban la desconfianza. En la salida de los regímenes medievales, el pueblo aspiraba a tener formas de control, de oposición y vigilancia. La historia de la emancipación humana empezó con la oposición, el conflicto, el control del poder. El camino hacia la democracia se abre cuando el sufragio universal es adoptado.
Lo que caracterizará las democracias modernas es que, paso a paso, sacralizarán el principio de la confianza y la organización de la voluntad popular a través del voto; incorporando las instituciones de la desconfianza dentro del mecanismo parlamentario. En el siglo XIX, el parlamento trata de concentrar los poderes de control y vigilancia social”.

¿Cómo se expresa hoy la desconfianza?
El ciudadano del siglo XXI ha descubierto que lo más efectivo es la demostración crítica ante el poder político:
Es más fácil forzar la retirada o fracaso de un proyecto de ley que instar la aceptación de una ley deseada.
Es más efectivo controlar un poder –una representación parlamentaria– a través de la crítica de los medios de comunicación que a través del sufragio.
El instrumento de desconfianza en manos de los ciudadanos que supondría la no reelección del representante es lento y de confusa eficacia.
Por ello, ese instrumento se está desprestigiando a favor de los medios alternativos de influencia inmediata (manifestaciones, movimientos de captación de firmas, presiones en la calle, etc.).
Los nuevos movimientos sociales han dejado de ser totales –nacionales, grandes sectores productivos– para ser grupos de acción especializada: manifestaciones regionales, víctimas del terrorismo, ganaderos de una zona, controladores aéreos, organizaciones ecológicas, no gubernamentales, amigos de los animales, etc.

¿Estamos en el buen camino?
■ No. La expresión de la desconfianza, el control fáctico del poder, es la negación de los valores ideales que nuestros antepasados atribuyeron a la democracia.
■ Estamos en el camino imperfecto: sabemos más de contrademocracia que de construir y perfeccionar la confianza en el sistema que creíamos era “la más coherente de las formas de convivencia”.
■ Los políticos están siendo desbordados por las imperfecciones del sistema: no llegan a concebir modelos de reforma efectivos y rápidos.
■ En parte, los políticos no tienen todavía suficientes incentivos para aplicarse a la tarea de rectificar sus propias rutinas y privilegios.

¿Qué sería el populismo hoy?
>Ya no es un movimiento político concebido como un programa destinado a tomar el poder. Al menos, no lo es en las llamadas sociedades desarrolladas.
>No es, como primer objetivo, un medio de liberarse de coacciones insoportables o de ejercer responsabilidades.
>Es una forma de crítica pública, de denuncia, de desprestigio de la esfera política.
>Es un recurso. Pero es también el síntoma de una patología de la sociedad moderna.

Democracia participativa
■ Jürgen Habermas, según Abellán, ha sido el pensador más influyente en la configuración del concepto de democracia deliberativa, llamada a cubrir las insuficiencias del modelo liberal  y el modelo republicano de democracia:
■ La democracia liberal, dice Habermas, se identifica con el Estado de Derecho; se basa en relaciones de mercado. Los derechos del individuo sirven para protegerse respecto al Estado. La lucha política, las campañas electorales, son estrategias de mercadotecnia. En esta democracia no gobierna el pueblo.
■ El modelo republicano tiene lo que le falta al modelo liberal –según Habermas–: la solidaridad, la participación de los ciudadanos en la comunidad, bajo principios de moralización y fomento de la virtud.
■ La democracia deliberativa hereda los modelos anteriores tratando de evitar sus carencias: hay lugar para el pluralismo, la lucha política, cuenta con la solidaridad y con formas de comunicación fundamentales en los procesos de gestación de acuerdos y valores sociales.
■ La democracia ya no es un mero sistema representativo en la línea weberiana, schumpeteriana, que la entendían como un método competitivo de selección de gobernantes.
■ Hoy reclamamos que las personas con derecho a voto puedan participar en la formación de la voluntad política y en la toma de decisiones sobre los asuntos públicos: la llamamos democracia participativa, deliberativa, asociativa, etc. Y es un objetivo bien comprensible en la evolución humana. ¿Quién podría frenar esta aspiración una vez ha sido concebida?
En la democracia participativa el centro de gravedad pasa a la manifestación de opiniones del mayor número posible de ciudadanos o asociaciones de ciudadanos: ello requiere que los participantes hayan tenido oportunidades de formación continuada.  ❖ FilosofíaHoy

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