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Es muy probable que el lector español no sepa quien fue Adolfo Sánchez Vázquez, no haya leído ninguno de sus numerosos libros y ni siquiera le suenen los títulos de algunas de sus obras más emblemáticas, como Las ideas estéticas de Marx o Filosofía de la praxis.
Generación perdida
Y es que Sánchez Vázquez perteneció a la "generación de la Guerra civil", esa que tenía entre 15 y 30 años cuando estalló la guerra del 36, y en concreto, a la que Fernando Claudín denomina "generación del marxismo-leninismo”: aquellos que optaron por abrazar el credo comunista, mientras que otros (como Laín y compañía) se decantaron por la ideología fascista. Debido a su implicación política con el bando republicano, tuvo que exiliarse a Méjico (junto con otros 25.000 españoles), donde ha vivido la mayor parte de su larga vida, hasta los 95 años.
Exilio en Méjico
Adolfo Sánchez Vázquez, pues, ha sido uno de los filósofos españoles en el exilio –como José Gaos o García Bacca–. Y fue allí donde realizó sus estudios de filosofía, desarrolló toda su labor docente y escribió todos sus libros (en total, unos 25). Pero como nunca regresó a España, el impacto de su obra ha sidomenor aquí, a pesar de haber recibido distinciones importantes, como doctorados honoris causa, la Cruz de Alfonso X el Sabio o la del Mérito Civil.
Los “transterrados”
Aunque algunos filósofos (por ejemplo, José Luis Abellán) han estudiado las aportaciones de la filosofía española en el exilio, todavía hoy la mayoría de los transterrados (como los llamó Gaos) siguen siendo unos perfectos desconocidos para el lector español, y sus obras aún no gozan de la atención que merecen.
Sánchez Vázquez reconocía que la obra de los filósofos exiliados “hasta hace poco era prácticamente desconocida” en España y que “en general es mucho lo que se desconoce. Por eso, facilitar ese conocimiento es una tarea necesaria. Muy necesaria, pues la obra de los exiliados, es parte de la cultura española; es una obra hecha por españoles aquí, y eso no se puede ignorar”.
Afortunadamente, Adolfo Sánchez Vázquez es una figura intelectual reconocida en su país adoptivo y en gran parte de Latinoamérica, y su magisterio ha influido en el pensamiento de otros filósofos e inspirado obras como Marxismo crítico en Méjico, de Stefan Gandler.
Escritor tardío
Sánchez Vázquez empezó a escribir filosofía a mediados de los años 60 (con casi 50 años), cuando por fin pudo librarse de las difíciles circunstancias a las que tuvo que enfrentarse durante sus primeros 30 años de exilio. En aquella época tuvo que compaginar diferentes trabajos: profesor, traductor (seis horas diarias) y hasta escritor ocasional (llegó incluso a novelar la película Gilda).
Durante los años 70 y 80 publicó una decena de libros en los que defendía un “marxismo abierto y crítico”, muy influido por los Manuscritos de 1844 del joven Marx, y cercano a las posturas de Gramsci, Lukács o Lefevbre. Su obra filosófica no puede entenderse sin el proceso de renovación del marxismo que se abre a mediados de los 50 y que continúa durante los años 60 y 70.
En los 90 escribió sobre todo acerca del exilio y de cuestiones estéticas, así como las antologías de ensayos Filosofía y circunstancias (Anthropos, 1997) y Entre la realidad y la utopía (FCE, 1999). Durante la última década ha publicado más de media docena de libros, casi todos recopilaciones de ensayos, entre los que destacan A tiempo y destiempo (FCE, 2003), El valor del socialismo (El viejo topo, 2003) e Incursiones literarias (Renacimiento, 2008).
El destierro
Nadie como él reflexionó con lucidez y lirismo sobre el drama del exilio: “Es un desgarrón que no acaba de desgarrarse, una herida que no cicatriza, una puerta que parece abrirse y nunca se abre. […] El exiliado vive siempre escindido: de los suyos, de su tierra, de su pasado. Y a hombros de una contradicción permanente: entre una aspiración a volver y la imposibilidad de realizarla”.
Por ello, la vida del desterrado tiene un tinte trágico, pues el “destierro no es un simple trasplante de un hombre de una tierra a otra”, es también “la pérdida de la tierra propia” y “con ello, la pérdida de la tierra como raíz o centro”.
De ahí que el desterrado no tenga tierra (raíz o centro). “Está en vilo sin asentarse en ella”. Una vez “cortadas sus raíces, no puede arraigarse aquí”. Es entonces cuando descubre que, tanto si vuelve como si no, “jamás dejará de ser un exiliado”.
Marxista convencido
Unas palabras suyas podrían ser su testamento espiritual: “Hoy estoy más convencido que nunca de que el socialismo […] sigue siendo una alternativa necesaria, deseable y posible. Sigo convencido asimismo de que el marxismo –a pesar de lo que en él haya que criticar o abandonar– sigue siendo la teoría más fecunda para quienes están convencidos de la necesidad de transformar el mundo en el que se genera, hoy como ayer, no sólo la explotación y la opresión de los hombres y los pueblos, sino también un riesgo mortal para la supervivencia de la humanidad. […] Nuestra meta sigue siendo ese otro mundo que, desde nuestra juventud, hemos anhelado”.
Ha muerto el último filósofo en el exilio. Esperemos que no muera su memoria ni su legado.
❖ Gabriel Arnaiz
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