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Secundarios, segundones, perdedores

El caballo de Turín es un filme que arranca con la anécdota del abrazo de Nietzsche a un caballo maltratado. A partir de ahí el director Bela Tarr reconstruye la posible vida del cochero, de su hija y del propio caballo.



En enero de 1889, Nietzsche vive en Turín. Es ya un hombre cercado por las enfermedades y obsesionado por ellas. Un día, al cruzar la plaza de Carlo Alberto observa como un cochero está golpeando a un caballo que no obedece las órdenes que le da. Impresionado, herido, Nietzsche irrumpe en la escena recriminando al cochero y abrazando al caballo entre sollozos y pidiéndole perdón en nombre de la humanidad. La escena llama la atención de los paseantes. Uno de ellos reconoce al filósofo, sabe donde se aloja y avisa a un amigo suyo para que lo atienda. Fue el día en que el filósofo colapsó. Su voz se perdió y su maltrecha salud quebró definitivamente.

Parece que hay algo de verdad en esta leyenda que se ha tomado como el principio del fin, el momento en que todos los síntomas de las dolencias de Nietzsche cristalizaron. Es la imagen que inicia la película y da título -El caballo de Turín- al trabajo con el que el realizador húngaro Bela Tarr afirma despedirse de su oficio. Aunque el Nietzsche de carne y hueso solo está presente en el arranque, la temática nitzscheana impregna todo el metraje con temas como el eterno retorno o la muerte de Dios. Muy literalmente el argumento se centraría en las penurias y la lucha de un viejo  campesino, su hija y el caballo por sobrevivir. Como expresa Ricardo Pérez en su blog, Esculpiendo el tiempo, la película "se atiene con matices, a las rtes unidades dramáticas (tiempo, lugar y acción) establecidas por Aristóteles en su Poética. La acción, que es mínima y reiterada a modo de bucle, se estructura en el transcurso de seis días y sólo se ve alterada con pequeños detalles que en un principio pueden pasar desapercibidos paara el espectador, pero que ya anticipan el final (el repentino silencio de la carcoma, el cambio en el comportamiento del caballo, la llegada de los alborotadores gitanos, el pozo que se seca...). El número de días no es casual, ni mucho menos, sino que encierra un fuert contenido simbólico: Tarr destruye el mundo en el mismo número de días en que Dios lo creó".

La película se estrenó el 10 de febrero en España.


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