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Cronología
1933 Amartya Sen nace en Shantiniketan, India. Estudia en el Trinity College de Cambridge, en el que se doctora en 1954. Ha sido profesor en las Universidades de Calcuta, Delhi, Oxford, London School of Economics y Harvard.
1977 Hasta el 2004, doctor en el Trinity. Obtiene en 1998 el premio Nobel de Economía.
1981 Publica el libro Pobreza y hambruna: un ensayo sobre el derecho y la privación.
1987 Publica Sobre ética y economía.
1999 Publica Desarrollo como Libertad.
2004 Regresa a Harvard, universidad a la que sigue vinculado. Colabora también con la Universidad de Jadarpur de Calcuta.
2010 Publica La idea de la justicia, su obra más reciente.
Amartya Sen cuenta que durante su infancia en Bangladesh, una de las regiones más míseras de la India, fue testigo de escenas de violencia extrema nacidas de la pobreza lamentable de sus habitantes. Una tarde de su adolescencia, un jornalero musulmán que había llegado a la zona hindú –donde residía la familia Sen– en busca de trabajo se refugió tras la reja de la casa de Amartya arrastrándose apenas con un último hálito de vida tras ser apuñalado sin piedad. Expiró, como un pingajo sanguinolento, ante los ojos del joven Amartya.
“Esta experiencia fue, a la vez, reveladora y devastadora para mí. Me hizo tomar conciencia del peligro de las endogamias raciales y también del grado en el que las condiciones económicas pueden convertir a cualquier hombre en la presa de otros”.
Hambrunas
Durante los años 70 del pasado siglo, Sen estudia y trata de comprender los mecanismos sociales y económicos que conducen a la aparición de carencias alimentarias que, como epidemias contagiosas, arrasan siempre las zonas más desfavorecidas de la Tierra. Sus primeros trabajos son empíricos; con una vieja bicicleta recorre Bangladesh, compara los precios del arroz, constata que el fenómeno de la escasez extrema y la hambruna son esencialmente rurales y que ciudades como Calcuta no resultan tan afectadas.
“¿Por qué mientras tres millones de personas morían literalmente de inanición, no había nadie de mi familia o mis amigos que pareciera amenazado por esa muerte horrible? La raíz social de las hambrunas resultaba evidente”.
De esas reflexiones, surgirá en 1981 uno de sus libros más influyentes: Pobreza y hambruna: un ensayo sobre el derecho y la privación, en el que trata de demostrar que las hambrunas más graves no tuvieron ninguna relación con las variaciones en la producción agraria. El hundimiento de los ingresos de los campesinos, el aumento de los precios de los alimentos y su acaparamiento por parte de algunos poderosos, unidos a una difícil democracia, son su causa final. Aquellos que consiguen mantener su régimen de ingresos aún viviendo muy cerca de los desfavorecidos, no son afectados por las crisis.
Libertad, igualdad, capacidad
En 1980, Amartya Sen, influido por la lectura de John Dewey, el filósofo americano que tanta atención prestó a la educación, lanzó una nueva noción que se convertirá en el centro de posteriores trabajos: la capacidad. “Es una concepción de la libertad basada en lo que cada uno puede llegar realmente a hacer. Hay muchas cosas que no podemos hacer aunque tengamos la libertad de hacerlas. Por ejemplo: si yo tengo un cáncer incurable, nadie me impide vivir, pero no tengo esa posibilidad porque mi enfermedad es mortal. Aquí, la falta de capacidad no es debida a la privación de libertad. Por el contrario, si ese cáncer es curable mediante una operación, necesitaré medios para pagarla –si no estuviera cubierta por el servicio de salud de mi país– y en este caso se está 'expoliando' mi capacidad, salvo que alguien venga en mi ayuda”.
Así para John Rawls, el filósofo liberal, en su teoría de la justicia como equidad, hay “bienes primarios” de los que todos deberían poder disponer. A Sen esa propuesta le resulta insuficiente: con los mismos ingresos una persona discapacitada no tendría las mismas posibilidades o capacidades que una persona sin minusvalías.
¿Debemos exigir igualdad de capacidades?
Su interés se dirige a las libertades concretas y para él, las capacidades son el medio para evaluar mejor el bienestar o las injusticias que con la habitual comparación de los ingresos individuales. Su propuesta-pregunta es: “Sí, igualdad, pero ¿de qué? Situar el concepto de justicia entre las capacidades le ha traído a Sen numerosas críticas:
›¿Debemos privilegiar lo que una persona hace –principio meritocrático– o lo que sería capaz de hacer?
›¿Cómo precisar el aspecto –difícil de medir– de las capacidades ligadas a las elecciones de cada persona?
›¿Las capacidades son el reflejo de un pensamiento individualista?
Amartya Sen cree que el acceso a las capacidades debe ser proporcionado por la colectividad.
Un gobierno tiene que ser juzgado en función de las capacidades concretas de sus ciudadanos. Por ejemplo en EEUU, los ciudadanos tienen derecho constitucional a votar.
Para Sen eso significa poco porque ¿se reúnen todas las condiciones para que los ciudadanos puedan ejercer la capacidad de votar? ¿Tienen el adecuado acceso a la educación y medios de transporte para acceder a las urnas?
Libertad positiva sería la capacidad real de una persona de ser o de hacer algo.
Libertad negativa se centra simplemente en la ausencia de interferencias para ser o hacer algo.
En las hambrunas de Bengala, los campesinos no se vieron afectados por la libertad negativa. Murieron de hambre porque no eran positivamente libres para alimentarse o escapar de la muerte.
No cabe el pesimismo
“Creo que hay que hacer avanzar al mundo, progresar y mejorar en lugar de condenar y castigar”. Uno de los primeros objetivos para Amartya Sen es el desarrollo sostenible, algo fundamental para hacer realidad la justicia entre capacidades y ejercicio de libertades reales.
No basta enunciar el principio; es necesario que la escolarización y la comunicación permitan que las poblaciones puedan actuar con libertad ante la conservación o, por el contrario, la devastación.
Los trabajos de Amartya Sen están muy ligados a la búsqueda de la felicidad, pero él no sitúa la felicidad entre los criterios que permiten evaluar las capacidades de cada uno: “Ser feliz tiene poco que ver con la condición social o las condiciones de vida de cada uno. Numerosos estudios han demostrado que en los países ricos, el aumento del nivel de vida no incrementa el sentimiento de felicidad de su población”. Para Amartya, un gobierno no debe tener como objetivo conseguir felicidad para sus ciudadanos, sino crear las condiciones para que cada individuo pueda acceder mejor a su realización y a la libertad de disponer de su vida como quiera cada uno.
Sen, el feminista
“Me defino como feminista. Creo que la emancipación de la mujer y la igualdad de sexos son retos principales, no ya para mejorar la situación de las mujeres, sino como ejemplo emblemático para otros grupos sociales inmersos en la desigualdad. En India, con su conocido problema demográfico, se constata que el impacto más importante sobre la fertilidad reside en el grado de educación de las mujeres seguido por el nivel de actividad que mantengan. Creo que las desigualdades entre hombres y mujeres son incluso más difíciles de abordar que las de la clase social porque cada clase vive en un entorno diferente, mientras hombres y mujeres viven juntos en una misma habitación y una misma cama”.
Sen es inequívoco: no puede perder de vista las dificultades de cada persona, naturales o sociales, para convertir en logros los bienes primarios. La teoría de Sen en torno a la justicia reclama toda la atención sobre las capacidades básicas: la libertad real de una persona para buscar su bienestar.
¿Igualdad versus libertad?
En Nuevo examen de la desigualdad, Sen afirma: “La importancia de la igualdad se compara a menudo con la de la libertad. La postura de cada uno en el presunto conflicto entre igualdad y libertad ha sido considerada como un indicador de su perspectiva general en filosofía política. Por ejemplo, pensadores libertarios (como Nozick) son clasificados como anti-igualitarios por su enorme interés por la libertad.
Igualmente, puede parecer que pensadores clasificados como igualitarios (Dalton, Tawney o Meade) estén menos interesados por la libertad, porque se considera que están aferrados a las exigencias de igualdad. Esta forma de considerar la relación entre igualdad y libertad es defectuosa. Los libertarios creen que es importante que la gente disfrute de libertad. Surgen inmediatamente preguntas como: ¿quién, cuánto, cómo está distribuida, qué tipo de igualdad? Así, la cuestión de la igualdad se plantea como un apéndice de la importancia de la libertad”. ❖ FilosofíaHoy
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